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Galactica – La serie antigua

marzo 2, 2010


Más majos que las pesetas.

Battlestar Galactica – EEUU, 1978

El tremendo éxito alcanzado por la versión contemporánea de Battlestar Galactica, estrenada en el año 2003, ha venido a reforzar la idea de que la serie original concebida por Glen A. Larson era un ejercicio de space opera de baja categoría, demasiado ingenuo y falto de sofisticación. A mí sin embargo me despertaba curiosidad la estética y estilo de esta serie -que sólo recordaba vagamente de la infancia-, sobre todo esos alienígenas malvados, los cylones, con sus llamativas armaduras cromadas. Sospechando que una joya escondida me estaba esperando, y completista como soy, decidí ver este título clásico como preparación para sumergirme en la serie moderna.

Desde luego no me arrepiento: Battlestar Galactica es una serie llena de virtudes y, sobre todo, entretenidísima. La premisa es muy sencilla: La humanidad ha conquistado el espacio partiendo de un planeta primigenio, Kobol, que se abandonó hace mucho tiempo, y estableciéndose en doce planetas o colonias. Se han logrado enormes avances en todos los ámbitos, pero por desgracia la guerra aún existe, aunque ahora se libra contra un enemigo no-humano: los cylons (usaré el nombre inglés original), formas de vida robótica inteligentes. Tras una conferencia de paz que acaba desastrosamente, los humanos quedan diezmados, y los pocos supervivientes se ven empujados al exilio espacial, en busca de la mítica Tierra -donde supuestamente se estableció la decimotercera colonia-, última esperanza de supervivencia. Al frente del convoy de naves marchará la Galactica, única Estrella de Combate (crucero de guerra) que se salvó del desastre.

La serie se sostiene en dos pilares fundamentales: buenas historias y un plantel de estupendos actores, liderados por el maravilloso Lorne Greene en el papel del comandante Adama. Le secundan Richard Hatch en el papel su hijo, el capitán Apollo, y Dirk Benedict (el “Fénix” del Equipo A) como el intrépido teniente Starbuck. Hablar de Galactica es hacerlo de estos tres personajes, que son los que han quedado en la memoria de una mayoría de espectadores. Lorne Greene se hizo famoso como locutor radiofónicoen los comienzos de su carrera gracias a su prodigiosa voz, la cual posteriormente le permitiría interpretar diversos papeles de carácter y liderazgo, como el padre de Bonanza o el propio Adama. Enriqueciendo siempre sus textos, Greene transmite en todo momento las virtudes que se suponen su personaje: convicción, afecto paternal, autoridad… Richard Hatch, por su parte, logra dotar a Apollo de una gran nobleza y carisma, convirtiéndolo en todo un modelo de hombre recto. Benedict borda también su retrato de Starbuck, una especie de cowboy espacial con todos los atributos de los héroes de Serie B: mujeriego, hedonista y un auténtico as a bordo de su caza Viper.

Los efectos especiales han recibido muchas críticas por de los espectadores modernos, malcriados por Industrial Light & Magic y los gráficos de ordenador, pero una mirada más ecuánime debe reconocer que son perfectamente competentes, por no decir brillantes en varios momentos. No en vano el principal técnico de efectos fue John Dykstra, quien había realizado el mismo trabajo muy poco antes en Star Wars. Galactica fue en su momento la serie más cara de la historia, y eso se aprecia en la pantalla, con valores de producción a veces cercanos a lo cinematográfico. Pero la amplitud de medios no se ciñe sólo a los efectos: también brillan la ambientación y el vestuario, el cual me parece bastante más sobrio y atractivo que, por ejemplo, los pijamas de Star Trek.

Sobre la ingenuidad o el infantilismo de la serie, es cierto que hay elementos bastante tontorrones, como el perro mecánico o la forma de hablar de los cylons, pero hay que entenderlos en su contexto: se trataba de una producción que intentaba alcanzar a todo tipo de público, y esto incluía al segmento infantil y juvenil. En todo caso no son cosas que afecten a la integridad de la serie, sino más bien elementos anecdóticos, que incluso contribuyen a enlazarla con la tradición de la space opera al estilo Buck Rogers o Flash Gordon. Y además, qué coño, cuando los cylons dicen “By your command” mola un huevo.


Cómo relumbra el jodío.

Parece que Larson era un gran admirador de la belleza femenina, y gracias a ello podemos disfrutar en la serie de auténticas beldades como Maren Jensen en el papel de Athena o Laurette Spang como la guapa y picarona Casiopea, personaje que empieza la serie como acompañante social (puta) y al poco tiempo se convierte en enfermera; upsss, alguien debió de darle un toque a Larson. Pero la mujer más espléndida de la serie es sin duda Jane Seymour, absolutamente radiante como Serina, el amor de Apollo. Con 27 años, Seymour estaba en todo su esplendor físico, realzado además por los vestuarios de la serie, y estoy seguro de que nadie que haya visto Galactica podrá olvidarla. En el apartado de actrices invitadas, destacar la aparición de la preciosa Ana Alicia, quien más tarde alcanzaría celebridad por Falcon Crest.

Los amantes de la cultura pop detectarán fácilmente dos detalles que Larson incorporaría en su siguiente éxito, Knight Rider (El coche fantástico): por un lado la luz roja que cruza de un lado a otro el rostro metálico de los cylons, análoga a la que más tarde luciría el bólido Kitt, y por otro un ordenador inteligente incorporado en un capítulo al Viper de Starbuck, capaz de razonar y hablar igual que el súper-coche, pero con una diferencia: este tiene personalidad femenina… ¡¡e incluso se enamora del guapo piloto!!

Contrariamente a lo que se piensa, Galactica no fue cancelada por falta de popularidad: sus índices de audiencia eran bastante elevados, pero las cifras que habrían hecho viable a cualquier otra serie no bastaban para una producción de tan alto coste, y la ABC decidiría tirar del enchufe tras sólo una temporada. No obstante, parece que muy pronto se arrepentirían de ello, como lo prueba la producción, dos años después, de…

Galactica 1980

Si la primera serie fue criticada por su exceso de ingenuidad, la secuela ha sido poco menos que borrada de la historia por los aficionados y críticos, y si te hablan de ella seguramente no dirán nada bueno. Afortunadamente, su edición en DVD permite que cualquiera se acerque a ella para comprobar sus méritos y deméritos, y así lo hice yo. Sin esperar absolutamente nada de la serie, me llevé una sorpresa. El argumento de esta continuación es bastante audaz: han pasado unos 20 años desde el fin de la serie original y el convoy de la Galactica ha dado por fin con la Tierra, en la cual transcurre el siglo XX. Sin embargo, la cultura de nuestro mundo es demasiado distinta de la de los visitantes, y será necesario introducirse poco a poco entre los terrestres, misión que recaerá principalmente en dos miembros de la tripulación, Troy y Dillon. Así, la acción transcurrirá casi siempre en la Tierra contemporánea, pasando del género espacial de la primera serie a presentar historias “de ovnis”. Tras una primera incursión, los dos guerreros llevarán a la Tierra a un grupo de niños que con el tiempo serán los encargados de establecer la primera colonia terrestre.

Galactica 1980 es un proyecto mucho menos ambicioso que la serie original, pero no obstante lleno de encanto. Lorne Greene es el único actor que repite en esta entrega -con la excepción de Herb Jefferson como Boomer-, y sigue mostrando la misma autoridad y calidad interpretativa. Kent McCord y Barry van Dyke como Troy y Dillon suponen una verdadera sorpresa: son dos buenos actores y consiguen que sus personajes caigan en gracia desde el primer momento. A ellos se une Robyn Douglass como la periodista Jamie Hamilton, su enlace en la Tierra, que sigue la línea de actrices guapas y talentosas del original. Esta secuela, eso sí, está mucho más enfocada a los niños, y se toma un montón de libertades dramáticas. Por ejemplo, se adopta la “doctrina Supermán”, y resulta que los galacticanos adquieren superpoderes en la Tierra por la diferencia de gravedad, si bien estos parecen activarse o desactivarse según convenga al guión. También se introducen los viajes en el tiempo, elemento narrativo socorrido para los guionistas pero que siempre da problemas. Los cylons juegan un papel bastante secundario, y aunque han seguido a la Galactica hasta la Tierra, su contingente es escaso y sólo aparecen en unos pocos capítulos.

A pesar de todo, Galactica 1980 consigue mantener casi en todo momento la dignidad, y lo más importante, ser muy entretenida, seguramente porque los todos implicados en el proyecto eran grandes profesionales y creían en su trabajo. Sin embargo, las audiencias eran mucho peores que las de la primera serie, y Larson se vio obligado a usar un último as en la manga: producir un episodio “a la antigua”, con muchos más medios y el regreso de la estrella favorita de la serie: Dirk Benedict como Starbuck. Así, el capítulo 10 se llama El retorno de Starbuck, y es una especie de minipelícula autoconclusiva con casi todos los elementos de una space opera clásica: aventuras en planetas lejanos, interesantes conflictos entre personajes, toques sobrenaturales… Sorprendentemente, el resultado es redondo, y pese a tratarse de un capítulo atípico podría considerarse incluso el mejor de las dos series. Por desgracia, este último esfuerzo no serviría para recuperar las cifras deseadas, y la serie sería finiquitada tras sólo diez capítulos producidos.

Con el tiempo, Richard Hatch se convertiría en el auténtico abanderado del concepto Galactica, por encima del propio Larson, y realizaría toda clase de esfuerzos por resucitar la serie, convencido de su viabilidad. No sería hasta el año 2001 que se daría luz verde a una nueva encarnación de la historia, apadrinada no por Hatch sino por Bryan Singer, célebre por los films de X-Men y por destrozar el mito de Supermán en Superman Returns. Sin embargo, los atentados del 11-S, tan sólo unas semanas antes de comenzar la grabación, hicieron que el proyecto fuera abortado, pues el tema de una civilización destruida resultaba demasiado delicado para el momento. Dos años después vería por fin la luz una nueva versión de la serie, la ultraconocida y tan exitosa hoy día, producida por Ronald D. Moore. Pero de ella hablaré en un futuro artículo (¡cuando la vea!).

Más información en:

Whiskypedia
Galactica.com
By your command

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