Archive for the ‘Parques’ Category

Los parques de Madrid

enero 17, 2009

Empezamos sin más dilación, con un tema apasionante del que hace tiempo que quería escribir. Se trata de los parques, esos pedacitos de naturaleza que hemos tenido a bien esparcir por sus ciudades y que tanto bienestar nos proporcionan. Bueno, lo de pedazos de naturaleza hay que matizarlo: Michael Crichton decía algo así como que la gente en realidad odiaba la naturaleza -un lugar a todas luces inhóspito para el ser humano-, y lo que en realidad le gustaba era una versión “domada” de la misma, donde aún podía disfrutar de un confort razonablemente parecido al de la civilización. Se refería a lugares como los refugios de montaña, los bosques cercanos a las ciudades, etc. Yo coincido con la visión del recientemente fallecido escritor, pero creo -y seguramente él también lo hacía- que una naturaleza suavizada no tiene nada de malo. El concepto alcanza su máxima expresión en los parques urbanos, que cuando están bien concebidos logran transmitirnos el verdor y el apacible aire de los bosques a tan sólo unos pasos del bullicio de la ciudad.

Un paseo por el parque puede parecer a priori aburrido, pero en realidad es una experiencia muy placentera y relajante. En esta entrada voy a repasar varios de los parques de la Comunidad de Madrid, dando mi valoración personal de cada uno, tanto en términos estéticos como de la experiencia general que transmiten. Cada comentario irá acompañado de una galería gráfica realizada con mi cutre pero fiel cámara Olympus. Empezamos nuestro recorrido por el…

Parque del Oeste: Joya escondida

Galería fotográfica

Uno de los rincones más especiales de Madrid. Situado en el barrio de la Moncloa, es característico por su gran masa verde y por los desniveles que presenta su superficie, llena de cuestas y pequeñas colinas, lo que le confiere una sensación muy cercana a pasear por un entorno natural. Gracias a su respetable tamaño y sus tupidas arboledas, el Parque del Oeste logra una gran sensación de aislamiento de la ciudad. Éste es uno de los aspectos que más valoro en un parque, y por ello cada reseña incluirá una nota al respecto. Paseando por este rincón verde realmente parece mentira que estemos a pocos metros de uno de los nudos de tráfico más congestionados de Madrid.

Como ocurre en muchos otros parqués, existe una ruta botánica que podemos seguir a través de carteles colocados al efecto. La ruta del Parque del Oeste tiene un especial interés por la variedad de especies que ofrece, traídas de puntos muy variados del mundo. Es posible encontrar incluso secuoyas, aunque no del tamaño descomunal de las que existen en los bosques americanos, eso sí. Pese a su situación céntrica, no es un parque de gran afluencia, debido probablemente a lo irregular de su terreno. Sus principales visitantes son estudiantes universitarios, cosa normal dado que se encuentra muy cerca de las principales facultades de la capital. Durante un tiempo, el parque fue víctima del infame botellón nocturno, amaneciendo los sábados y domingos con un aspecto realmente desolador, pero por suerte esto ya no ocurre. Al ser un parque relativamente poco visitado, también es escasa la afluencia de ciudadanos extranjeros, esos que tanto han enriquecido la vida de la capital, y concretamente de zonas verdes como la Casa de Campo. En otras palabras, éste es un lugar es muy adecuado para cualquier paseante en busca de sosiego. Hay que destacar la ausencia de asfalto en el parque, pudiendo ser recorrido por completo pisando tan sólo tierra y césped. Existen, eso sí, unos pequeños caminos enlosados, bastante bonitos y que se integran bien en el entorno.

Seguramente lo mejor del Parque del Oeste sean sus fantásticas avenidas arboladas, perfectas para pasear y -por qué no- para que los avispados galanes madrileños camelen a las chicas. En la línea central de estas avenidas encontramos varios bancos, que contribuyen al ambiente y son un lugar pefecto para conversar o descansar. Las avenidas adquieren un aspecto fantástico en los meses del otoño, cubriéndose de hojas caídas y adoptando los cálidos colores típicos de la época.

Otro atractivo es el pequeño riachuelo que discurre en uno de los márgenes del parque, que cuenta incluso con pequeños puentes y cascadas. No es el único atractivo acuático, ya que en otro punto existe una pequeña laguna con un surtidor en el centro. Teniendo en cuenta todo esto, no es de extrañar que algunas parejas aprovechen el parque para sus encuentros “más intimos”, pero éste es un uso del parque realmente chusco y recomendaría otros sitios de Madrid para tales menesteres (por ejemplo un hostalito). Hay que destacar también la existencia de nidos de ametralladoras erigidos durante la Guerra Civil. Pese a los momentos dramáticos que debieron vivirse en ellos, hoy están cubiertos de vegetación y no son más que otro elemento del parque.

Por último, hacer mención a la excelente situación de esta zona verde, a muy pocos minutos de la Rosaleda y del Templo de Debod, haciendo posible un largo y placentero paseo para aquel que quiera tomarse el tiempo necesario. En suma, el Parque del Oeste es una excelente elección para el amante de los espacios verdes en Madrid, con el aliciente de que en Otoño seguramente se convierte en el rincón más romántico de la ciudad.

Estética y belleza natural: 9

Aislamiento de la ciudad: 8

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Parque del Buen Retiro: La masificación

Galería fotográfica

Sin duda el parque más popular de la capital, aunque para mi gusto uno de los menos interesantes. Debido a su gran tamaño y a su situación recibe un gran número de visitantes, especialmente los fines de semana. Es un parque “de asfalto”, en el que se avanza por anchas avenidas cubiertas de este material y no se permite pisar el césped. Así que árboles, haberlos haylos, pero no tendrás mucho contacto con ellos. Es célebre por su gran lago, en el que es posible alquilar una barquita y remar. A orillas del lago hay una placita muy interesante, rodeada de bellas columnas y con un alto pedestal rematado en un monumento ecuestre.

Al ser visitado por tanta gente y estar asfaltado, realmente no hay mucha diferencia con ir por alguna avenida grande de la ciudad, y el bullicio es parecido. El ruido ha aumentado en los últimos años merced a nuestros queridos visitantes de más allá de nuestras fronteras, que tienen a bien deleitarnos con incesante música de bongos y otros instrumentos exóticos. Lo mejor para pasar una tarde tranquila. Hay también gran profusión de adivinadores, saltimbanquis, gitanas y demás especies. En general es un parque muy “multicultural”, y algunos de sus rincones tienen un tono decididamente “oscuro”. Unos habitantes famosos del parque son sus ardillas, cuya población al parecer disminuyó bastante porque la gente se las llevaba a casa como mascotas. Ahora mismo no sé en qué situación se encuentran..

Sin duda el rincón más bello del Retiro es el Palacio de cristal, tanto por el material con que está construído como por su arquitectura. Cuenta con su propio laguna, situada justo enfrente, y en los atardeceres emite unos reflejos bellísimos que merece la pena ver. Hay otros lugares interesantes en el parque, pues pese a la masificación, por su gran superficie tiene bastante que ver si nos tomamos un tiempo. En la galería fotográfica podéis ver algunos de estos lugares.

En resúmen, no es un mal parque pero resulta demasiado urbano para mí. La ciudad está visible en cada momento y es difícil encontrarse a solas o tranquilo en él. Indicado si tienes más de 60 años y no quieres complicarte demasiado la vida, eso sí, buscando sus rincones más sosegados.

Estética y belleza natural: 6

Aislamiento de la ciudad: 3

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Jardines del Moro: Regios y bonitos

Galería fotográfica

Enclave histórico situado al principio de la Cuesta de San Jerónimo. Pese a esta céntrica localización, justo al lado de la ruidosa glorieta de Príncipe Pío, el parque logra envolver de forma sorprendente, y es un lugar de gran sosiego. Ni que decir tiene que uno de sus atractivos son las espectaculares vistas del Palacio Real, aunque como parque tiene sus propias cualidades. Los Jardines del Moro, de dimensiones relativamente limitadas, tienen una configuración bastante cuidada y nos ofrecen un aire clásico y casi lírico en algunos rincones. En su parte más externa presenta una tupida arboleda, con árboles muy bellos, algunos de gran altura, y pequeñas extensiones de bambú. Las especies dominantes del parque son coníferas, dándole un cierto ambiente nórdico al conjunto. En su parte más interior encontramos caminos de tierra que nos llevan por sus distintas zonas, en las que podemos encontrar una jaula de aves terrestres. De hecho, por el recinto del parque caminan libremente uno o dos pavos reales, cuya majestuosa visión es uno de los mayores alicientes para el visitante. Existe también un jardín, bonito aunque de dimensiones reducidas.

Lo más destacable de esta parte interna del parque son las construcciones que se alzan en el mismo, vacías y cuya función desconozco, pero que aportan un toque decididamente pintoresco. Una de ellas es una cabaña tropical que no desentonaría en ninguna película de aventuras, y la otra una vivienda campestre de arquitectura muy atractiva. Me pregunto cómo se cotizarían estas dos casas si estuvieran en el mercado… un detalle no muy agradable son los coches de policía que patrullan regularmente por el recinto. Aunque esto es inevitable al estar anexo al palacio, desde luego no es lo mejor para disfrutar un tranquilo paseo. A la hora del cierre del parque, desde estos coches se conmina a los visitantes a abandonar el mismo. Con todo, es una visita que sin duda merece la pena, y que puede sumergirnos en un ambiente sosegado y verde directamente entroncado con el pasado de la capital, a tan sólo unos minutos del centro.

Estética y belleza natural: 8

Aislamiento de la ciudad: 7

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Dehesa de la Villa: Pinos y deporte

Galería fotográfica

La Dehesa de la Villa no es un lugar precisamente céntrico, hay que buscarlo expresamente para llegar allí. Un paseo de cinco minutos desde el metro Francos Rodríguez nos llevará a esta extensa superficie que podemos calificar más de arboleda que de parque. La especie dominante es el pino ibérico. Adentrándonos en la Dehesa de la Villa encontramos un circuito concebido para el paseo y el ejercicio; este circuito es la zona más frecuentada del parque, ascendiendo desde la base hasta la cima de la colina rodeando la misma. En el trayecto podemos encontrar aparatos dispuestos para ayudar a realizar distintos ejercicios.

Estética y belleza natural: 6

Aislamiento de la ciudad: 6

Juan Carlos I: La inmensidad

Galería fotográfica

Estética y belleza natural: 9

Aislamiento de la ciudad: 8

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